viernes, 30 de enero de 2026

 

España  sorprende a Europa: las razones detrás de su crecimiento económico

 

 España se consolidada en 2026 como una de las economías con mayor dinamismo de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para España el mayor crecimiento en la Zona Euro. Pese a un contexto político fragmentado y a la ausencia de presupuestos aprobados durante los últimos tres años consecutivos, el país ha mantenido un ritmo de crecimiento sostenido, impulsado por reformas estructurales del Gobierno de Pedro Sánchez  en el mercado laboral, la gestión de la inmigración y la transición energética. A estos factores se suma una ejecución eficaz de los fondos europeos y una notable resiliencia frente a los choques externos. También ha influido el hecho  de hacer un país agradable y atractivo para el turismo. Estos factores han favorecido un aumento en los salarios inferiores y pensiones y, consecuentemente, un mayor consumo interno  que a su vez ha potenciado el producto interior bruto (PIB).

Resulta llamativo que este crecimiento se haya producido a pesar de la inestabilidad política. El Ejecutivo de coalición entre el PSOE y Sumar, con el apoyo externo de formaciones nacionalistas de centro e izquierda, no ha logrado aprobar una ley de presupuestos en los últimos tres años. Sin embargo, esta falta de mayoría parlamentaria no se ha traducido en parálisis económica. El Gobierno ha sabido prorrogar y adaptar las cuentas anuales con eficacia, priorizando el bienestar social y la inversión en infraestructuras. El crecimiento del PIB ha permitido incrementar la recaudación fiscal y reducir el déficit, algo que valoran positivamente las agencias de calificación, los mercados financieros y la Comisión Europea.

Es interesante analizar por qué, entre las grandes economías europeas, solo España logra rivalizar en crecimiento con Estados Unidos, con previsiones del 2,8 % para 2025 (tras el 3,5 % en 2024 y el 2,5 % en 2023), registró en 2025 otro medio millón de empleos nuevos por cuarto año consecutivo, además de haber aumentado el salario mínimo un 61 % desde 2018. Entre 2018 y 2026, el salario mínimo en España habrá aumentado un 66 %, pasando de 735,9 € a 1 221 € mensuales. España sorprende a Europa con estos resultados macroeconómicos.

La reforma laboral de 2021 ha dificultado el abuso de la contratación temporal, favoreciendo los contratos indefinidos y, al mismo tiempo, ofreciendo más flexibilidad a las empresas en dificultades. El incremento del salario mínimo apenas ha tenido efectos negativos sobre el empleo, ya que afecta al 7 % de los trabajadores. España sigue siendo un país atractivo para inversores y empleados, con una alta calidad de vida, buena formación profesional y un entorno seguro. La subida salarial ha incentivado la participación en el mercado laboral y ha impulsado el consumo interno.

Este dinamismo del mercado de trabajo se ha visto reforzado por una política migratoria abierta con Hispanoamérica  y equilibrada con África. Desde el punto de vista financiero, esta inmigración resulta menos costosa que en otros países europeos, gracias a procesos más ágiles para la obtención de permisos de trabajo. Representa, además, una fuente de mano de obra esencial en sectores como la construcción, el cuidado de personas dependientes y el trabajo agrícola, sin competir directamente con los trabajadores nacionales. La integración de personas sin documentación, mediante programas de formación y regularización, podría ampliar aún más estos beneficios. El acuerdo entre el Gobierno y Podemos va en esta dirección.

Otro factor decisivo para la competitividad española es el precio de la electricidad, un 17 % más barato que en Francia y mucho menor que en Alemania o el Reino Unido. España está cosechando los frutos de una política energética a largo plazo basada en la diversificación de fuentes renovables —solar, eólica e hidráulica— y en el desarrollo del almacenamiento energético. Esto ha permitido sentar las bases de una industria sólida y sostenible.

La economía española también se ha beneficiado de circunstancias favorables. Tras la pandemia de la COVID-19, el país se ha consolidado como destino turístico preferente. Además, su menor exposición a los choques externos —por su limitada dependencia de China, Estados Unidos o Rusia— ha reforzado su estabilidad. A esto se suma una gestión eficiente de los fondos europeos del plan NextGenerationEU, con el fin de destinarlos a promover energías renovables y modernizar los sectores tecnológicos y digitales. Esta estrategia ha impulsado el crecimiento y ha permitido a España posicionarse en la carrera tecnológica global, con empresas como Indra o Amadeus a la vanguardia.

El reto ahora es que el aumento del PIB global se traslada al PIB por individuo, especialmente para los jóvenes, afrontando problemas como el acceso a la vivienda y el coste de vida. También será esencial mantener políticas eficaces para mitigar los efectos del cambio climático, en particular en materia de agua (escasez e inundaciones), agricultura e incendios forestales. Finalmente, España deberá seguir reforzando los mecanismos de transparencia y  prevención  de la corrupción, evitando escándalos —desde comisiones ilegales hasta conductas de acoso— que puedan socavar la confianza en las instituciones y poner en riesgo la credibilidad de su modelo de buena gobernanza y crecimiento sostenible.

El gran objetivo de España es seguir adaptándose a los cambios, aprovechar cada oportunidad de inversión  e impulsar la innovación para seguir sorprendiendo a Europa con un crecimiento económico sostenido, justo e igualitario. Asimismo es necesario un crecimiento que proteja y potencie a los sectores sociales más vulnerables, y que refuerce una soft influence global basada en un modelo de desarrollo económico y social que muchos países desearían imitar.

Mahmoud M. Rabbani

Director de Sustainable Development over-seas programme

Publicado en el Diario de Noticias de Navarra el 29 de enero de 2026 

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